Lo que aprendí jugando al juego de las sillas

Seguro que la mayoría de vosotros habéis jugado alguna vez al popular juego de las sillas. De pequeña era uno de mis juegos favoritos y no consigo recordar cuándo fue la última vez que jugué porque han pasado décadas. Es un juego sencillo: se ponen las sillas en círculo, al sonar la música los jugadores corren alrededor de ellas y al parar la música, tienen que sentarse. Siempre hay una silla menos que el número de jugadores, y se van eliminando a los que se quedan de pié hasta que sólo quedan dos jugadores y una silla. Gana el jugador que se siente en ella. Fácil y divertido.

El domingo pasado tuve el placer de volver a jugar. Y digo placer en serio porque, sinceramente, me importaba un carajo ganar o perder, así que me limité a divertirme con el juego. Pude observar cómo muchos de mis compañeros deseaban ganar a toda costa. De hecho, hubo anécdotas para dar y tomar: varias sillas rotas, unos cuantos culetazos en el suelo porque algunos agarraban las sillas y las apartaban para sentarse en ellas… Salió a flote toda la competitividad que tenían dentro. Por algún motivo que desconozco, necesitaban ganar. Para mi sorpresa, gané yo, lo cual me hizo reflexionar bastante.

Como ya comenté en Cuidado con lo que deseas, desear algo es la forma más rápida de no conseguirlo, porque ese deseo proviene de una necesidad. Y cuando se necesita algo se está emitiendo una energía de carencia, por tanto, nuestro cerebro se enfoca en aquello que falta. Como a mí me daba realmente igual ganar o perder, mi único foco estaba en jugar. ¿Y qué implica jugar? Cumplir con las reglas del juego, es decir, sentarme en una silla antes que los demás. Como no necesitaba ganar, disfruté como una enana durante el camino, ya que iba relajada, bailando, haciendo el tonto y riéndome. Pero mi cerebro estaba con el foco al 100% en sentarse en la silla más cercana en cuanto la música parara. ¿Cuál fue el resultado? Que no sólo me lo pasé genial, sino que gané el juego y ¡un rallador de zanahorias! jajajajajaja

Esto que podría quedarse en una simple anécdota, me ayudó a darme cuenta de cómo hemos de afrontar cada reto a diario. Aquí van unas cuantas recomendaciones:

  1. Saber dónde estás: Si quieres ir a HongKong, tendrás que saber si sales desde Madrid, desde Moscú o desde Nueva York. Si no sabes dónde estás, no sabrás por dónde tienes que ir para llegar a tu destino. Si quieres lograr un objetivo, acepta tu situación actual.
  2. Definir a dónde quieres llegar: No sirve de nada saber dónde estamos si no tenemos claro nuestro destino. Cuanto más específico sea tu objetivo, más fácil será llegar.
  3. Soltar el deseo y la necesidad de conseguirlo. 
  4. Conocer las reglas del juego: si no conocemos las reglas, no podremos jugar en las mismas condiciones que nuestros competidores. La ignorancia siempre pasa factura.
  5. Disfrutar del juego: Si no te diviertes no merece la pena jugar. Hemos venido a este mundo para ser felices, no seamos nosotros quienes lo impidamos con nuestras acciones.

¡Espero que ganes el juego de tu vida y que disfrutes del camino cada día!

1 pensamiento sobre “Lo que aprendí jugando al juego de las sillas”

  1. Guauuuuuuuu!!! Yo creo que LO MÁS IMPORTANTE en la Vida es DIVERTIRSE y DISFRUTAR con lo que se hace… Lo demás es poner obstáculos a nuestras Experiencias. Gracias por compartirlo, Sara. Un Beso!!

Deja un comentario