Las puertas de mi casa están abiertas al amor

Reconozco que los lazos humanos son lo más sagrado que existe. Es por ello que me comprometo a cuidar todas las relaciones valiosas que hay en mi vida. Además, doy la bienvenida a todos los seres de buen corazón, que anhelan un mundo justo, en armonía con la naturaleza y lleno de amor.

Todo aquel que necesite calor humano, lo recibirá. Aquí pagamos con la moneda de Dios: sonrisas, besos y abrazos. Y es de justicia pagar a todos por igual.

Estamos cultivando una red de amor arborescente, que regamos cada día con buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones. Igualmente, la fertilizamos con risas, conversaciones sinceras, proyectos compartidos y alimentos que sanan cuerpo y espíritu.

En mi casa se habla un único idioma: el del amor, la confianza, el respeto, la justicia, la verdad y la libertad.

Así que antes de entrar, deja fuera tus miedos, tus creencias limitantes, tus hábitos tóxicos y tus “ismos” adoctrinadores. Entra con el corazón abierto como un niño y date permiso para disfrutar de la vida como te mereces.

Pero si estás tan apegado a tus toxinas físicas o mentales que no puedes dejarlas atrás, VETE. No voy a admitir ni una sola fisura en mi red de amor arborescente, porque a través de las fisuras se cuela la carcoma.

Somos conscientes de nuestra responsabilidad como creadores de la realidad en la que vivimos. Es por ello que defendemos la única verdad que hay: la verdad del AMOR.

Aquí siempre nos tendrás para abrazar al dios que hay en ti y recordarle lo valioso que es. Por tanto, regaremos tu espíritu para que florezca e ilumine el mundo con su propia red de amor arborescente.

Pero todo aquel que pretenda alentar el mal, que se acerque con engaños, insultos, deseos de codicia o ansias de poder, será aplacado con la fuerza de mil truenos. El único poder que admito en mi casa es el de DIOS.

Que se largue con su ponzoña a terminar de rematar a todos los espíritus débiles y corruptibles que hay en esta sociedad. Que se vaya allá donde se alimentan demonios con dolor, enfermedad, sufrimiento y maldad. Que continúe manteniendo la distancia emocional, con relaciones enlatadas, normas inhumanas y la ley del terror. Que se marche al mundo de los desalmados, carroñeros, zombies y borregos. 

Si algo he aprendido es que no puedo ayudar a quien no quiere ser ayudado. Y no haría ningún bien a nadie si por intentarlo, acabo ahogada en el fango con él. En cambio, estaré encantada de lanzar un salvavidas a todo aquel que desee de corazón liberarse.

En mi casa estoy creando un mundo nuevo, unido, en paz, armonía, confianza, cooperación, libertad, amor y mucho humor.

¿Y si autodestruyen lo que queda de esta sociedad? Aprovecharemos sus brasas para asar unas bellotas y unas castañas. Y mientras tanto, celebraremos la vida, entre risas, cantos, bailes, buenas conversaciones, sueños compartidos y muchos, muchos abrazos y besos. 

Las puertas de mi casa están abiertas a todos los espíritus incorruptibles sedientos de una sociedad gobernada bajo la Ley Natural de Dios.

Tú eres bienvenido. 

Establezcamos lazos fuertes, con relaciones cercanas, espontáneas, humanas y divinas. 

Pero has de saber que mi casa no tiene límites ni fronteras. Mi hogar va allá donde esté yo. Así que si nuestros caminos se cruzan, ten seguro que serás pagado justamente con la moneda de Dios: sonrisas, besos y abrazos.

Recuerda que, pase lo que pase, las puertas de mi casa están abiertas aquí, ahora y siempre, al amor.

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