Las creencias crean tu vida

  • Sara 

Dependiendo de cómo pensamos y sentimos, así actuamos. Y nuestras acciones, sean las que sean, van a causar resultados. La calidad de dichos resultados, dependerá de la calidad de nuestras acciones y, por tanto, de la calidad de nuestros pensamientos y emociones.

Basándose en este paradigma, han surgido muchas escuelas de pensamiento positivo en las que insisten en la importancia de cambiar nuestros pensamientos negativos. A su vez, han surgido otras escuelas, que ignoran las emociones negativas y se centran tan sólo en las emociones positivas. Hubo una época de mi vida en la que seguí a rajatabla dichas prácticas.

Durante años fui una fiel seguidora de dichas teorías y las defendí a muerte. Quise que mi vida girara en torno al pensamiento positivo e hice todo lo posible por vibrar siempre en amor, alegría y compasión. Hice de todo, incluso me grabé diversos audios con frases positivas y música que me gustaba, y me pasaba el día entero con los cascos escuchándolas (en el metro, en el trabajo, en la playa…). ¿Conseguí resultados? No los que yo esperaba.

Es una filosofía de vida muy bonita en teoría, pero realmente dañina en la práctica y voy a explicar por qué. Si cada vez que tengo un pensamiento o emoción negativa, miro hacia otro lado y lo oculto tras el velo del optimismo, simplemente estoy poniendo un parche. No soluciono nada, porque dichos pensamientos siguen ahí aunque me ponga las gafas de la ceguera “super-happy-flower-power” y me niegue a verlo. Cuando esta actitud se convierte en una constante, da lugar a que nos convirtamos en “felices” estercoleros andantes de basura emocional. Esto, a la larga, apesta. Cuando no sacamos la basura de casa, las ratas y las cucarachas comienzan a instalarse en ella, hasta que la invaden por completo como una plaga con su enfermedad. Y ahí, ya no hay gafas optimistas que valgan y para nada se parece a la felicidad.

Entonces ¿debemos dejar que fluyan nuestros pensamientos y emociones negativas? A ver, no debemos permitir que tomen el control de nuestra mente y corazón y que se conviertan en los dirigentes de nuestra vida. Y tampoco debemos ignorarlos o negarlos. La clave está primero en aceptar que están, y luego darnos permiso para soltarlos. Nosotros no somos ni lo que pensamos, ni lo que sentimos, simplemente tenemos pensamientos y emociones. Así que al igual que tengo ropa de la cual me deshago cuando me queda mal o se estropea, me deshago alegremente de todo aquello que no me vale para obtener los  resultados que deseo. ¿Y si me deshago de dichos pensamientos o emociones lograré los resultados que deseo? Probablemente no al ritmo que esperas si no trabajas primero el origen de dichos pensamientos y emociones: las creencias.

Siempre, siempre, siempre, tras un pensamiento o emoción, hay una creencia de fondo. Por ejemplo, si cada vez que veo una pareja feliz hay algo dentro de mí que se revuelve y me siento mal porque yo no tengo pareja o porque estoy pasando una crisis con la mía, probablemente me estará machacando silenciosamente la creencia de origen de que “nadie me quiere”. Lo cual, es una creencia que nos limita porque no es cierta. Siempre hay alguien que nos quiere. Pero esa creencia, va a hacer que tengamos constantemente el foco en aquellos que no nos quieren, por tanto, nos provocará miles de pensamientos y emociones negativas.

¿La solución? Reprogramar la mente en positivo. Si mi creencia actual es “nadie me quiere”, tendré que reprogramarla por “soy querida”. Para ello, yo siempre trabajo las creencias en 3 fases:

  1. Merecimiento: “Merezco ser querida”
  2. Poder o capacidad: “Puedo ser querida”
  3. Ser o estar: “Soy querida”

Si intento instalar primero la tercera creencia, voy a tardar muchísimo más tiempo a que si voy paso a paso. Es como intentar escalar un muro para llegar al segundo piso, o subir por una escalera. Esta tarde he trabajado precisamente esta creencia con una artista y en 5 minutos hemos pasado del “nadie me quiere” al “soy querida”. Le costaba creerlo de lo fácil que le ha parecido. Le ha cambiado la cara, ha comenzado a reír y se ha quedado sorprendida con el cambio. La mejor recompensa que puedo tener tras una sesión es ver la cara de felicidad de mis clientes, por eso me gusta centrarme en las creencias. La calidad de tus resultados depende de la calidad de tus creencias. Así que, cambia tus creencias, porque lo que crees, creas. 

Te recomiendo que escuches el siguiente programa de radio Zen Working, que habla precisamente acerca de las creencias.

Deja un comentario