El poder de las palabras

  • Sara 

Reflexionando acerca de lo que está sucediendo en Madrid con el #15M, me he dado cuenta del valor de las palabras que utilizamos. He comprendido por qué están habiendo tantos disturbios habiendo un cuerpo de policía que se denomine «Antidisturbios». Nunca jamás un cuerpo de policía podrá mantener la paz si incluye en su denominación la palabra «disturbios», puesto que se atrae en lo que se centra la atención.

Sinceramente, no creo que los policías sean malas personas, sólo que han dejado a un lado sus sueños de niños en favor de las órdenes que han sido recibidas, la educación o las experiencias vividas. Es triste ver cómo los sueños han sido aniquilados con la edad… El niño que sueña con ser policía de mayor, no lo hace porque quiera dedicarse a pegar porrazos a la gente, sino por un sentimiento de amor que le impulsa a proteger a las personas, cuidarlas y darles seguridad.

Tengo un amigo al que le «han echado» de la Marina. Y lo pongo entre comillas, porque él ha sido marine de vocación toda su vida, hasta que han matado su vocación y le han convertido en mercenario. Él se ha dado cuenta de que lo que estaba haciendo no estaba alineado con sus valores, con sus sueños de niño, y por ello lo ha tenido que dejar. Él ha preferido dejar su puesto a pesar de llevar prácticamente toda la vida y haber alcanzado un cargo de gran importancia, antes de ver cómo mataban al niño interior que soñaba con salvar vidas y ayudar a la gente.

Yo supongo que no será el único que haya despertado. Espero que no sea el único. No digo que todos los policías y militares tuvieran que renunciar a su cargo, creo que cada uno tiene que luchar con las armas que tiene para conservar sus sueños y honrar sus valores. Siempre se puede intervenir desde dentro, manteniendo el cargo pero reivindicando los valores que les llevaron a ese puesto de trabajo. Creo que hay muchas formas de actuar antes de tener que llegar a la violencia.

Como comentaba al principio, debemos ser conscientes del poder de las palabras. Nos centramos en lo negativo queriendo luchar contra él: lucha contra el terrorismo, contra el hambre, contra la drogadicción, contra el maltrato infantil, contra el sida… y no hacemos nada más que darle importancia a lo negativo sin conseguir resultados. Si fuéramos conscientes del poder de atracción que tienen las palabras, evitaríamos todo tipo de «lucha contra algo» y nos centraríamos en «actuar a favor de»: a favor de la paz, a favor de una alimentación equilibrada, a favor de la infancia, a favor de la salud…

No me gusta la denominación «antidisturbios». Yo quiero un cuerpo de policía que sea protector de la paz, por ello sería feliz si todos los policías que aún conservan sus sueños de infancia se unieran en un cuerpo denominado «ProPaz». Creo que podemos ayudarnos mutuamente. Creo que podemos llegar a manifestarnos pacíficamente. Creo que si hay algún exaltado entre la multitud, entre todos pueden impedirle que vaya a más…

al fin y al cabo, dos no pelean si uno no quiere.

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