El mayor fracaso de mi vida

Desde que tengo uso de razón he llevado fatal las críticas. Me han sentado como una patada en el culo con un zapato de pinchos ardiendo. Tal cual. Y no importaba que fuera un 1% de crítica “constructiva” incluido en un 99% de alabanza hacia mi trabajo. Nada de lo positivo importaba, porque sólo me quedaba con la crítica, rumiándola día y noche, hurgándome en la llaga constantemente, como si tuviera que memorizar cada pliego de la dolorosa úlcera.

En MI realidad yo me sentía MUY criticada en todo lo que hacía, creía que debía de ser muy torpe o tener algún defecto muy grande para que no me quisieran. Y ahí estaba mi gran error de percepción: creía que el amor que podían sentir los demás por mí era por lo que yo hacía, no por lo que yo era.

Yo era mi mayor crítica, no paraba de compararme negativamente con los demás, fijándome en todos los éxitos que tenían, en lo bien que hacían unas cosas, en los talentos que mostraban, en las buenas relaciones que tenían… y no importaban todos los premios o medallas que pudiera ganar, era una comparación compulsiva que aunque yo destacara en algo, no hacía nada más que seguir obsesionándome con mis defectos e ir agrandando la llaga de tanto hurgármela.

Por tanto, esa fijación obsesiva con ver lo bueno de los demás para compararlo con ese defecto o carencia que yo tenía, era la causante de que llevara tan mal las críticas. Yo ya me echaba toda la mierda encima (a veces consciente y otras veces inconscientemente), por eso tenía tal inseguridad sobre mí misma que necesitaba a toda costa que los demás vieran algo bueno en mí, porque yo era incapaz de verlo.

Esa inseguridad comencé a ocultarla tras el velo del perfeccionismo. Al principio estaba bien eso de ser un poco perfeccionista, porque la gente valoraba lo minuciosa que era y cómo cuidaba cada detalle. Pero con el tiempo, esa cualidad empezó a degenerar en una “patología“ que dio comienzo a mi “parálisis por análisis”. Tenía que hacer todo TAN perfecto, que hasta que decidía cada mínimo detalle, podía pasarme horas y horas debatiendo conmigo misma a ver si el color perfecto del folleto que estaba haciendo era verde pistacho o verde esmeralda.

Cuando trabajaba como directora de arte, ese perfeccionismo era aplastado por el ritmo trepidante de la agencia de publicidad. Al final tenía que elegir rápidamente porque siempre había que entregar los materiales para anteayer, así que nunca estaba contenta con el resultado porque cuando ya había salido todo, no paraba de ver cosas que tendría que haber mejorado.

Pero el mayor problema vino cuando dejé de trabajar por cuenta ajena y comencé a trabajar para mí misma. Ese perfeccionismo patológico degeneró en alargar la toma de decisiones días, semanas, meses… hasta que la confianza en mí misma fue tan baja, que llegó un momento que por la incapacidad de hacer las cosas perfectas, simplemente dejé de hacerlas. La apatía se apoderó de mí y mi miedo al fracaso hizo que comenzara a esperar que las cosas se solucionaran por sí mismas, que mi suerte cambiara, que me llegara la inspiración… pero nada de eso sucedía.

Nada cambia por sí solo. Nada se mueve si tú no empujas. He aprendido a dar cada día un paso aunque no sea perfecto. He aprendido que quien actúa siempre tiene éxito porque aprende, y que el mayor fracaso es no hacer nada. He aprendido que no importa lo bueno que seas para unos, porque siempre te criticarán otros. He aprendido a amarme por lo que soy y no por lo que hago. He aprendido a dejar de pensar en lo que dirán los demás y a actuar en función de lo que quiero decir de mí en el futuro.

Por eso querido lector, te amo, te acepto, pero me importa un carajo lo que pienses de mí.

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10 pensamientos sobre “El mayor fracaso de mi vida”

  1. Querida amiga, gracias por tu aportación, me alegra no estar loco.Con la perfección, en la que no creo, mataríamos la creatividad. En ella sí creo. Gracias.

    1. Gracias por el aviso, ya está corregido! Con lo poco que me gustan a mí las faltas jajajaja tendría que poner una para comprobar si me machacaba con el perfeccionismo o no jejeje Mil gracias 😉

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