Desconectar para conectar

  • Sara 

Han pasado muchos días desde la última vez que escribí. Aunque suene paradójico, he necesitado desconectar para volver a conectar. Hace 15 días mi cuerpo me dijo que parara y como no le hice ni caso, me paró el a mí y estuve 2 días en cama. Después de la parada en seco, he necesitado seguir desconectada unos días para recuperar fuerzas. Para ello, tomé la decisión de apagar el teléfono móvil durante toda la semana santa. Curiosamente, no lo he echado en falta para nada. Sólo lo encendí el sábado para felicitarle el cumple a mi sobrino Martín, que cumplía un año y era causa de fuerza mayor. Una vez felicitado, me desapegué felizmente del móvil otra vez.

Gracias a ello he podido disfrutar mucho más de las personas que estaban a mi alrededor. Me he dado cuenta de la facilidad con la que me dejo arrastrar por el iPhone. Cada vez que no sé qué hacer o qué decir, aparece el teléfono en mi mano como por arte de magia. Siempre hay algo que ver, alguna notificación nueva, algún mensaje que responder… Es la excusa perfecta para hacer el avestruz y esconder la cabeza en el mundo virtual en lugar de enfrentarse al mundo real.

No deja de sorprenderme la cantidad de avestruces que habitan en la ciudad. Están en el metro, en los bares, en los centros comerciales, en las fiestas… Se reúnen en manadas en las que en lugar de relacionarse entre sí, están relacionándose con otras avestruces virtuales. Para ellos, la vida es lo que pasa mientras navegan por internet, a excepción del momento foto, en el que el líder de la manada da la orden de “posado feliz y divertido”. Es en ese momento cuando todos se reúnen y fingen que es la mejor noche de su vida, para poder subir la foto a Facebook, Twitter e Instagram y poder pasar el resto de la noche entretenidos con los comentarios que las avestruces virtuales hacen sobre las fotos. Al final están más preocupados por lo que dicen, piensan y hacen personas que están a kilómetros de distancia, y se olvidan de disfrutar realmente del momento que están viviendo.

Estas vacaciones he estado en un curso conviviendo con un grupo de personas maravillosas, que he podido conocer porque mi teléfono estaba castigado en el coche sin salir. Gracias a ello, he tenido la oportunidad de conocer en profundidad a muchos de ellos, de enseñarles lo poco o mucho que yo sé y de aprender de sus múltiples conocimientos. Ha sido un intercambio constante de experiencias, aprendizajes y emociones. Si me hubiera dejado llevar por mi avestruz internauta, me hubiera aislado en muchas ocasiones y me hubiera perdido el placer de disfrutar de la vida, de la naturaleza y de la grandeza del ser humano.

Al volver me he dado cuenta de que no hice ninguna foto de recuerdo, pero no me importa. Quizás no pueda inmortalizar el momento en Facebook, pero cuando la conexión es auténtica, se genera un recuerdo imborrable en la memoria. Es por ello que me he propuesto dejar de comportarme como un avestruz y ser más humana. Voy a desconectar más a menudo mi iPhone y a conectar más con las personas que están a mi lado.

¿Te atreverías a desconectarte tecnológicamente por un día? Ten cuidado, porque si lo haces, quizás descubras que la persona que está a tu lado es maravillosa. ¡Te deseo un feliz día desconectado-conectado!

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