Cerrando puertas

  • Sara 

Yo me imagino mi vida como una gran mansión llena de puertas. Al principio se encuentran las más importantes, las puertas de las habitaciones de mis padres, de mis hermanos, de mis amigos más cercanos… muchas de esas habitaciones están conectadas entre sí, otras son independientes, pero no por ello menos importantes. Entre las principales se encuentra el salón de baile, que está conectado con las habitaciones de mis compis de danza. Si avanzo por el pasillo llego al despacho, conectado con las puertas de las habitaciones de mis compañeros de trabajo. Las puertas pueden permanecer cerradas si no vas a estar en esa habitación, aunque a veces es necesario abrir algunas para descargar el ambiente y dejar que entre viento fresco. Eso sí, hay que tener cuidado si se forma corriente, porque si te dejas muchas puertas abiertas, la corriente puede ser tan fuerte y tan incontrolable que puede cerrar de un portazo la que menos te esperes…

Según vamos avanzando por la mansión, vamos encontrando puertas a nuestro alrededor. La mayoría suelen estar aparentemente cerradas, y ni siquiera nos atrevemos a llamar y echar un vistazo. Algunas se abren para siempre, otras temporalmente, otras ni siquiera sabes que existen, pero todas forman parte de la mansión y sin ellas, nada sería igual.

De vez en cuando, alguien te abre una puerta, y te dice: «Mira, qué habitación tan bonita, seguro que te encantaría estar aquí». Y tu te asomas tímidamente y vas observando qué es lo que tiene la habitación. Y parece que está guay, que estaría bien pasar, pero cuando te decides a pasar, parece que no eres bienvenida. Y te llegas a preguntar: «¿qué es lo que he hecho yo mal?». Pero te das cuenta de que no eres bienvenida, porque se ha dejado abiertas todas las puertas que conectan con esa habitación, incluso las puertas de las habitaciones que no le gustan. Y la corriente es tan insoportable que nadie puede entrar allí. Hasta la habitación más lujosa de la mansión puede ser la menos deseada por ser insoportable la estancia en ella. Como dijo Paulo Coelho: «Eres libre pero tienes que elegir, un horno abierto no hace pan». No se pueden abrir todas las puertas a la vez. Hay que ir cerrando de vez en cuando. Puedes dejar abierta una, cerrar otra, pero todas a la vez es imposible.

Así que si te encuentras con una de esas habitaciones que tienen todas las puertas abiertas de par en par y ves que el dueño no tiene intención de cerrar ninguna, cierra tu la puerta antes de que la corriente te cierre la puerta en las narices. Y sigue avanzando, porque ya sabemos que esa mansión tiene un millón de puertas por descubir que puedes abrir en cualquier momento…

Sólo hay que mantener los ojos bien abiertos 😉

Deja un comentario