Casquería emocional

En el instituto nos obligaban a darle la vuelta al pupitre en los exámenes para evitar que miráramos los apuntes que teníamos en la cajonera. Gracias a ello y a que me sentaba en primera fila pegada a la pared, aprobé biología. Y no, no aprobé porque estuviera atenta en clase y aprendiera mucho, sino por mi creatividad a la hora de copiar sin que se dieran cuenta. Y es que a ninguno de mis profesores se le pasó por la cabeza que yo tuviera tanta cara de:

  1. Escribir temas enteros a lápiz en el pupitre del profesor. Lo cual me permitía quedarme “embobada” mirando durante largo rato su mesa sin que sospecharan que en realidad estaba leyendo todo. 
  2. Forrar el trozo de pared que ocultaba mi pupitre con post-it amarillos (la pared era verde oscuro ¿para qué disimular?) con los temas más importantes. 
  3. Utilizar toda la parte de atrás de la cajonera como chuleta gigante, escribiendo en ella a lápiz en las zonas “visibles” y colocando post-it en las zonas que yo podía cubrir con mi cuerpo al sentarme pegada al pupitre. 

Aprobé el examen de física y química en septiembre porque el profesor de apoyo que tuvimos en verano era jovencito, guapo y olía tan bien, que captó toda mi atención. Además mi éxito también se debió a que me hice una chuleta del tamaño de mis dedos índice y corazón juntos, en la que estaba toda la tabla periódica de los elementos incluidas sus valencias. 

En la universidad aprobé estadística porque después de echarme a llorar durante dos horas el día antes del examen, mi hermana se sentó conmigo y me lo empezó a explicar “para mí”. ¿Y a qué me refiero con “para mi”? Pues que mi hermana y yo hemos compartido habitación durante tantos años que sabía perfectamente cómo hacerme llegar la información para que yo la asimilara. 

No tengo una mente científica. Y a pesar de que en el instituto me convencieron de que yo no valía para estudiar y que debía de tener un coeficiente intelectual inferior al resto, la verdad es que sí que valgo para estudiar y mi coeficiente intelectual está incluso por encima de la media. De hecho, he descubierto que soy realmente inteligente y que se me da bien cualquier tema, ya sea científico, literario o artístico siempre que la información me llegue de la forma adecuada.

La cuestión es que mi hemisferio izquierdo o racional, sólo se activa y se pone en funcionamiento cuando mi hemisferio derecho o emocional está totalmente activo. Es decir, que si quieres que me interese por un tema, cuéntamelo con pasión, con imágenes, sonidos, olores, sensaciones… haz que me meta tanto en la historia, que la historia forme parte de mí. En ese momento, me convierto en una esponja y lo aprendo todo con una facilidad increíble. Si quieres que me muera de aburrimiento y mi mente desconecte al minuto de comenzar a hablar, haz lo que hace el 99% de los profesores. 

Te cuento esto sólo para dejar clara una cosa: no soy científica, ni bióloga, ni médico, ni ingeniero.  Yo soy artista multidisciplinar. Ni siquiera soy psicóloga, aunque en los últimos años me haya convertido casi en una experta de la psique humana. El psicólogo es Eduardo, mi marido, y es quien me ha enseñado gran parte de lo que sé a través de miles de horas de terapia. 

Mi personalidad tenía la increíble tendencia de comprar todos los tickets para subirse a la montaña rusa emocional y quedarse ahí enganchada día y noche sin parar. Esta personalidad inestable sumada a ciertos sucesos traumáticos que he vivido a lo largo de mi vida, hizo que no sólo me formara en todas las herramientas de desarrollo personal que caían en mis manos, sino que Eduardo pusiera en práctica conmigo todas las técnicas y herramientas que conocía. La gran mayoría no valían para nada o tenían efecto a muy largo plazo. Hemos pasado años en la búsqueda de la herramienta definitiva, aquella que solucionaría todos mis males de forma rápida y efectiva.  

Descubrimos que no existe “el santo grial”, esa pastilla mágica que te libera para siempre del mal que acecha tu vida, sino que si uno quiere estar bien, ha de hacer un trabajo diario. Al igual que si quieres oler bien tienes que ducharte a diario, lo siento cariño, si quieres estar emocionalmente bien, tienes que sacar la basura emocional a diario. 

Eso sí, una de las herramientas que consideramos más efectiva es la psicoterapia regresiva, ya que gracias a ella hemos podido resolver temas muy profundos en tiempo récord. Y nos ha ayudado a comprender un poco más cómo funciona la psique humana y cómo podríamos evitar muchos traumas a los niños. Es por ello que voy a comenzar a compartir por aquí nuestros descubrimientos, con la esperanza de que sean de ayuda a quien más lo necesite. 

Eso sí, no esperes un blog científico en el que te expliquen el funcionamiento del cerebro y te argumenten por qué funciona neurológicamente cada herramienta. Aquí encontrarás mi experiencia, contada de la única forma que sé hacer: abriendo mi corazón en canal y exponiendo todas mis entrañas. ¡Espero que disfrutes de la casquería emocional!

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